viernes, 15 de marzo de 2013

Participación política y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.




Cristopher BALLINAS VALDÉS

Al analizar el tema de las Tecnologías de la Información y Comunicación TICs es indudable la importancia que han tenido las nuevas tecnolo­gías en la comunicación humana y su repercusión en la participación política es necesario reconocer que, a pesar del creciente número de usuarios de las redes sociales o de internet, éstas no han tenido un impacto considerable en la participación política.
Ciertamente, la participación política no es ajena a estos nuevos medios de comunicación y cada vez es más frecuente su uso por parte de los distintos actores políticos.
La última reforma electoral establece un nuevo modelo de comunicación política, sin embargo, sólo se ocupa del radio y la televisión, sin que se haga referencia a las nuevas tecnologías.
En la introducción se define qué debe entenderse por TIC, se explica brevemente cuál ha sido su evolución, así como el constante incremento de usuarios en el mundo.
En el segundo apartado se analiza la influencia de estas tecnolo­gías en la comunicación y participación política, e incluso se afirma que internet permite acercarse al modelo ideal de la democracia directa, pues permite la interacción y comunicación entre ciudadanos, sin tener que pertenecer a un cierto grupo político.
En el tercer capítulo se examinan las limitantes y condicionantes de la participación política en la era de internet, donde se sostiene que, a pesar del incremento vertiginoso de usuarios, no ha tenido un impacto considerable en la participación política. Incluso se hace notar que son pocos los estudios que se han centrado en esta relación, pues los casos que se citan son esencialmente de Estados Unidos.
En el cuarto capítulo se estudia la regulación de los usos polí­ticos y electorales de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el caso de México y en Estados Unidos. Respecto a México se refiere a que rige la prohibición de que contenga ex­presiones que denigren a las instituciones y a los propios partidos, o que calumnien a las personas, aplicable para el resto de propa­ganda política.
Las últimas décadas se han caracterizado por el desarrollo de las TIC, revolucionando la comunicación humana. Como consecuencia de este desarrollo, es común encontrar posturas que afirman que el auge de estas tecnologías obliga a replantear los modelos de comunicación y participación política, ya que aparentemente han gestado una serie de cambios respecto de los métodos tradicionales de movilización de la opinión pública. Las nuevas tecnologías permiten nuevas actividades de participación política que no existían, al crearse  espacios virtuales de participación político-social, donde se consume  información política, se logra el intercambio de opiniones políticas, y la recepción y envío de estímulos movilizadores. Estas características han hecho que internet sea considerado por su “poder democratizador”, ya que parece permitir un acceso y una participación igualitaria de los individuos en asuntos políticos.
Sin embargo, este documento muestra que el poder democra­tizador de las nuevas tecnologías ha sido exagerado. Éstas no han cambiado la comunicación política de fondo; sólo la han tecnificado. A pesar de la gran importancia que se le da a las redes sociales y a los blogs, difícilmente éstos pueden influir en la opinión pública, y mucho menos en los resultados de las elecciones. De igual modo, el impacto político de tecnologías como internet está condicionado a ciertos factores que van más allá del deseo de sus defensores. Los beneficios que la tecnología puede traer se impactan contra la brecha digital, su acceso aún está limitado por factores geográ­ficos y económicos, en especial en países en desarrollo, donde las diferencias socioeconómicas son mucho más acusadas. En Oaxaca por ejemplo, ¿cuántos de los 570 municipios cuentan con acceso a internet?
México en general es un ejemplo de esta brecha digital, los contrastes
so­ciales y económicos, restringuen el acceso a la tecnología. Por otra parte, los políticos mexicanos no utilizan estas herramientas  tecnológicas como los estadounidenses o europeos, lo que limita sus posibles beneficios, además de la excesiva regulación que existe sobre esta tecnología. Nada de esto favorece la participación política vía estas tecnologías. Las nuevas tecnologías no han cambiado el carácter de la participación política, únicamente son nuevos medios para que los políticos dis­tribuyan su mensaje político.
Aquellas investigaciones que han tratado de divulgar los bene­ficios y el impacto de estas tecnologías han fallado en demostrar empíricamente cómo éstas han transformado realmente el compor­tamiento político. Entonces, para evaluar el verdadero impacto de las TICs es necesario considerar el contexto económico, político y sociocultural específico de un país, en segundo lugar, considerar detenidamente el uso político de esas tecnologías. Así para elaborar un diagnóstico del poder de estas tecno­logías en la actividad política es necesario contar con un análisis de los factores económicos, geográficos y sociales, junto con uno que evalúe la calidad de los mecanismos de participación democrática, la confianza que los ciudadanos tienen de sus instituciones políticas y de representación, así como conocer el tipo de conflictos políticos y la concentración de poder en un país.
Sólo una investigación que combine estos elementos nos brin­dará un mejor conocimiento de si las nuevas tecnologías no han cambiado el carácter de la participación política. Será vital profundizar en la relación entre el uso de internet y las actitudes y comportamientos políticos, para esto, se requieren nuevos instrumentos capaces de calcular con validez y confianza las relaciones que se dan entre estos. Falta mucha investigación al respecto en México y en el mundo. Una vez hecha, podemos evaluar los diferentes ámbitos en los que queremos que estas tecnologías nos ayuden a crear una nueva actividad y partici­pación política en México.

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